Con la rodilla un poco tocada de la caída del día anterior, Rodar se complicaba.Pensé que sería una buena idea avanzar un tramo en tren. Al llegar a la estación me encontré con la sorpresa de que viajar con perros de tamaño medio-grande es imposible. El señor de la ventanilla de tickets hizo un par de llamadas. El encargado debía tomar una decisión basándose en el tamaño del carrito, del perro, etc. Tras una larga espera esto fue lo que me dijo: “excede las medidas permitidas”. No poder viajar en tren significaba seguir hasta Zaragoza en bici. Estaba un poco mal herido y con la moral algo baja. Me quedé un rato en la estación para cargar los móviles.

Escuché un silbido y me dijeron: “Venga va, que nos vamos, coge tus cosas” en ese momento me sentí muy contento. Era una buena noticia, aún hay personas comprensivas y empáticas. Comprendieron la situación y me ayudaron. Finalmente bajé unas cuantas estaciones antes de Zaragoza para evitar sorpresas. Supuestamente el tamaño del transportín (carrito) y de Dylan excedían lo permitido.

Una vez llegué a Zaragoza era el momento de decidir si ir por Huesca o seguir por Pamplona. Huesca estaba a 67 kilómetros, pero me alejaba del objetivo que era San Sebastian. Finalmente decidí ir hacia Pamplona por una ruta de pequeños poblados próximo al río Ebro. Buscaba un pueblo en el que me sintiera cómodo y con las condiciones para poder acampar. Pueblo tras pueblo no encontraba nada. Al final encontré un lugar próximo a Utebo. Tras varias vuelta decidí instalarme en la plaza de un pequeño ayuntamiento. Una vez tenía todo dispuesto para dormir nos pilló por sorpresa el sistema de riego automático. Se me mojó todo, perro incluido. No entendía nada. Dejé las cosas esparcidas por la plaza y nos refugiamos bajo un techo donde al día siguiente (domingo) tocaba la orquesta del pueblo  como ordena la tradición. Una vez sequé la tienda nos dispusimos a dormir. Entre la humedad de la tienda y el calor que te cocinaba vivo era como estar en la jungla. Con las prisas los enganches de sujeción se me engancharon a la rueda trasera y ya no tenía fuerza para repararlo, ya era madrugada. Me acosté pensando en como reparar el desastre de la bicicleta hasta que me quede dormido. Al día siguiente, con la cabeza un poco más lucida y valiéndome del ingenio y de la fuerza conseguí sacar la goma atascada en los piñones de la rueda.